
Este hombre, se dirigía, como todos los días desde hacía años, a un bar cercano para jugar la partida de cartas de la tarde. Pese a la sorpresa inicial de los que le conocían: "¿cómo pueden haberle hecho esto? si era de aquí de toda la vida" (cómo si los que no lo fueran sí se lo merecieran). Pero como decía, tal la sorpresa inicial, dos horas más tarde, el bar a donde se dirigía presentaba la misma estampa de todos los días:

El asesinado había sido sustituido en la mesa de la partida y la vida continuaba.
No dudo que por dentro, éstos y todos los vascos estuvieran lamentando lo que había pasado. Pero el hecho de que lo asuman y sigan como si nada, da mucho que pensar.
Por mucho que la policía o los políticos hagan, mientras la sociedad no cambie y se de cuenta de que no pueden hacer como si nada cada vez que alguien es asesinado, esta pesadilla no terminará.
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